Es peligroso asomarse

miércoles, 1 de febrero de 2012

Cívica.

La reforma de la asignatura de Educación para la Ciudadanía que ha anunciado el ministro Wert es cosmética y anecdótica. Afortunadamente lo importante ha quedado a salvo: la conveniencia de que los alumnos conozcan las instituciones democráticas, el funcionamiento de la política, los derechos y deberes propios de la ciudadanía. Cualquiera que conozca los contenidos de la actual asignatura sabe que ese el el núcleo fundamental, y que la colosal controversia que suscitó era deliberadamente exagerada e interesada..

En consecuencia, el Gobierno del PP ha acabado por reconocer que la introducción de la asignatura fue un acierto, si bien ha introducido alguna enmienda para que parezca lo contrario. Vale, y se le cambia el nombre: pero la Lengua nos enseña que "Ciudadanía" y "Cívica" tienen el mismo lexema porque porque provienen de la misma palabra, "cives" o "civitas". Una educación "cívica" es exactamente lo mismo que una educación para la ciudadanía, aunque el ministro haya preferido la palabra más rancia. Así que, insisto, creo que el cambio anunciado por el ministro no es más que pura retórica para contentar a quienes tan desmesuradamente se opusieron a la asignatura "socialista". Por eso creo que el PSOE no debería echarse las manos a la cabeza frente a esta "contrarreforma", sino sacar pecho y demostrar que han ganado la batalla: en lo sustancial: su  EpC ha quedado a salvo como una buena contribución al sistema educativo.

De todas formas, yendo más al fondo, me parece muy discutible que en la escuela no pueda tratarse de ética, más que como alternativa a la Religión. El modelo más adecuado a nuestra sociedad, en mi opinión, habría de ser el siguiente:

 - una asignatura obligatoria sobre "ética y religiones", de caracter informativo y no catequético;
-  una asignatura sobre ciudadanía referida al conocimiento de nuestro modelo político, de las instituciones, y de los derechos y deberes de los ciudadanos.
- los colegios concertados podrán, desde luego, explicitar un "ideario", que sin duda puede tener (o no)carácter religioso, siempre que respete la pluraridad. Esa es la forma correcta de presencia de lo confesional en una escuela: no como asignatura curricular, sino como "inspiración", marchamo o estilo educativo.
- A nadie se le ocurriría prohibir que fuera del itinerario curricular se organizasen actividades catequéticas: católicas, protestantes, islámicas o budistas.

Una última cosa: el "doctrinarismo" o adoctrinamiento en la escuela no se puede lograr prohibiendo hablar de ciertas cosas, sino asegurando el pluralismo. Lo otro es poner puertas al campo...  ¿O es que un profesor de filosofía no puede tratar sobre cosas opinables?

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