El nuevo Gobierno necesitaba fundar sus ajustes en la culpa ajena: debemos más de lo que nos habían dicho. Por eso estamos obligados a hacer lo que nos comprometimos a no hacer. Y a dejar de creer en lo que proponíamos como doctrina de toda la vida: que bajar los impuestos sirve para incrementar la recaudación, porque estimula la economía. Resulta que no, que ahora para incrementar la recaudación hay que subir el IRPF, es decir, el impuesto que pagan quienes tienen la nómina controlada. No tenemos más remedio que imponer una "cuota transitoria de solidaridad" (¡ay, las palabras!) ¿No quedamos en que eso disminuía el dinero circulante, y que por tanto habría menos transacciones, y que por tanto habría más paro, y que por tanto aun con un tipo mayor menguaría la recaudación? Un Gobierno socialista bajó los impuestos en época de bonanza (inmenso error) y un Gobierno de derechas sube los impuestos en tiempos de crisis tras prometer que no lo haría. ¿No nos han engañado otra vez?
Quizás no, porque no hay engaño si el destinatario de la mentira sabe que le están mintiendo. Y hoy día, en España, cada vez será más difícil que un político nos engañe, porque acabaremos votando no por lo que nos dicen, sino por lo que sabemos que van a hacer.
Ahora unos pondrán énfasis en el engaño del anterior Gobierno al ocultar el déficit real, y otros lo pondrán en el engaño electoral del PP. Pero será en vano: ni nos creímos lo primero, ni nos creímos lo segundo. ¡¿Qué se han creído?! ¿Es que todavía se creen que los creemos?
Saben que no les creemos, pero llegan y hacen lo mismo otra vez: criticar lo que otros hacen para volver a hacerlo ellos.
ResponderSuprimirO estamos en callejones sin salida o estamos todos locos. No sé.