Es peligroso asomarse

viernes, 30 de diciembre de 2011

Tic-tac, tac-tic.

El tiempo nuestro de cada día es un tic-tac de patas articuladas que avanza con la parsimonia y la tenacidad de un escarabajo inmune a toda inclemencia. En los días últimos de cada año el tic-tac sigue su ritmo igual, pero la impresión es que avanza de espaldas hacia el momento cero de la Puerta del Sol, donde otra vez da la vuelta y sigue su camino al frente, hacia ese instante tan fugaz de la muerte que no está apuntado en ninguna agenda, en el que que nos saldremos del tiempo y nos acoplaremos a esa inmensa quietud eterna en la que todo discurre. Visto desde la muerte, el tiempo es un tac-tic sin año nuevo. La cuenta atrás cuyo punto cero por fortuna ignoramos.

La nochevieja es un pacto: dejamos que muera el año para seguir vivos.  El año nuevo es un limbo perezoso suspendido en un vacío sin gravedad, un tic-tic o un tac-tac desconcertado, como una arritmia pasajera que nos hace pensar en el ritmo, hasta que otra vez la gravedad impone la ley y nos baja al suelo del tic-tac que nos da y nos quita la vida al mismo tiempo.

Brindo por este apasionante tiempo que compartimos ahora los que ya hemos nacido pero todavía no hemos muerto.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

El día de la inocencia

No hay culpables ni inocentes, hay culpa e inocencia (mal) repartidas. El Dios bueno y el Dios salvaje mezclados en el campo de batalla de cada alma. Incluso Herodes tendría espacios de inocencia. Los hay a quienes la buena suerte les ofrece más ocasiones de inocencia, y quienes el azar o la desdicha los exponen a más culpas. Todos somos inocentes mientras no se demuestre la culpa, pero nadie está libre de sospecha, particularmente los que no sospechan de sí mismos. Y para quienes a diario se acusan a sí mismos de todo, inundados de sentimiento de culpa, viene bien el día de la inocencia: la broma en vez del castigo, la clemencia en vez del reproche, la indulgencia en vez de la condena perpetua. Quizás la clave de todo este embrollo esté en cuidar de no tirar a otro la primera piedra antes de saber que todos estamos unidos por una mezcla movediza de culpa e inocencia..

viernes, 23 de diciembre de 2011

A tu manera.

Feliz navidad, sí. Con esas palabras tan rodadas, tan gastadas. Tan pronunciadas por los siglos de los siglos. ¿Qué necesidad hay de cambiarlas? ¿Por qué ese empeño en explicarlas, si cada uno es libre de entenderlas a su manera?

jueves, 22 de diciembre de 2011

La gran órbita.

Dentro de 5.000 millones de años no habrá años. La Tierra estará engullida por el Sol, según nos recuerda hoy un reportaje científico. El Sol será una gigante roja que fundirá todo su entorno planetario e irá apagándose hacia un invierno que tampoco será eterno: quién sabe si, todo junto, vagará hacia alguna otra galaxia y se convertirá en planeta, o si acabará en polvo cósmico, en asteroides diseminados, en estrella por fin fugaz. Quién sabe si la Tierra es un planeta resultante de los restos de antiguos soles, planetas y satélites llenos de azares. Dentro de 10.000 millones de años (por poner ceros que no quede) el universo será distinto, pero todo parece apuntar que seguirá habiendo materia y energía en combinaciones perpetuas y cíclicas. Si por azar, o acaso por la necesidad de la partícula de Dios de darle sentido a tanta creación que algún día debió provocar, aparece en un planeta todavía inimaginable  un micoorganismo, nacen vegetales y se organiza un nuevo ciclo evolutivo de entidades que nacen, crecen, se reproducen y mueren, y si alguna de esas entidades llega a tener conciencia de que pertenece a un universo infinito, entonces quizás en algún momento (no se llamará mañana o tarde, aunque casi seguro que habrá luces y sombras) alguien llegue a pensar que hace miles de millones de años hubo alguien que pensó esa posibilidad.

Desde aquí le mando un saludo, que quedará exterminado mucho antes de que la materia cósmica se reorganice en nuevas etapas, a menos que Dios sirva de enlace entre universos extemporáneos. Desde aquí también mando un saludo a quien, hace acaso un billón de años, llegó a pensar que pese a todas las apariencias no estaba solo, con su especie, en el tiempo infinito. Quién sabe. Tanta curiosidad por el futuro de nuestro pequeño momento cósmico me ha hecho pensar en el gigantesco pasado que nos precede. Quién sabe si alguna vez, por la circularidad de las órbitas, el más remoto futuro alcance al primer pasado. Es la única esperanza, pero sería temerario no tenerla.

martes, 20 de diciembre de 2011

Vasos no comunicantes.

El muchacho apretaba el paso: no porque llegase tarde, sino por el deseo de ver ya a sus amigos con los que había quedado para pasar la tarde. Primer día de vacaciones, buen plan, Sonia estaría en el grupo. Sorteaba con agilidad deportiva a los transeúntes que llenaban la acera, la música salía en tenues bocanadas por la puerta de cada comercio y la luz de los escaparates llenos de promesas rivalizaba con la última claridad del día más corto. Todo parecía puesto ahí como escenario de su excitada alegría.

El hombre caminaba con fastidio por tanta algarabía callejera. Notaba el frío en las manos y en la cara, pero sobre todo en el tuétano. La calle estaba llena y la tarde vacía. Un zapato le apretaba el pié lesionado y cojeaba un poco.  En la boca, el malestar de una media siesta incómoda delante de un programa de variedades andaluzas. Tan sólo debía ir al estanco a recargar un mechero. Todo parecía puesto ahí como escenario de la pesadumbre que le había sorbido el alma despacio en años de molicie y rutina.

Chocaron en la esquina. El muchacho despreció al hombre gordo y lento que sobraba en la calle. El hombre despreció al muchacho alocado que no mira por dónde va. Fue sólo un instante, en seguida cada uno recuperó su nombre y su trayectoria.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Tía Lola.

Llevaba más de un año en que sus máximas proezas eran abrir los ojos un rato, mover una mano o despertarse. A veces incluso miraba a quien había ido a verla. El resto del tiempo era dormir y dejar que una sonda alimentase lo que quedaba de su cuerpo. Pero ahora que acaba de morirse, aflora de pronto toda su vida. Una vida llena de fortaleza, de decisiones, de trabajo (cuántos miles de niños gallegos aprendieron a leer con ella), de consejos, de empuje, de criterio, de risas. Ahora se recupera toda su vida, que había quedado reducida a un hilo finísimo, quizás sin conciencia, sostenido sólo por un corazón que seguía latiendo. Acabado ese largo momento de la muerte, ya tenemos ahí una vida entera, ya vuelve a ser la que fue en todas las épocas de su vida. La que gobernaba, la que disponía, la que quería, la que acompañó tantos sufrimientos, la que provocó tantas alegrías. Mi tía Lola.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Influencias

Las influencias son un activo en el patrimonio de empresas y familias. Se compran. También se venden: ahí están los conseguidores, que median entre el que quiere algo y que puede darlo, y cobran la mediación. Se presume de tener buenas relaciones, igual que se presume del prestigio o del patrimonio. Hay gente para la que ponerse en cola y pasar por la ventanilla de todos parece una derrota. En lo privado es regla de funcionamiento: cartas de recomendación, informes favorables, mira a ver si puedes meter a mi hijo en tu despacho, dile que se presente mañana a las nueve. En lo público está prohibido: ahí está el delito de tráfico de influencias, es decir, cobrar por influir: llevar al mercado las influencias que se tienen. Es una perversión, pero los asuntos que saltan de vez en cuando no son anecdóticos: sabemos que son también, por desgracia, un modo de funcionamiento demasiado normal.

La paradoja es que los enchufes y las influencias en lo público son tan denostadas desde fuera (desde el que pierde) como comprendidas desde dentro (desde el que da o el que recibe): se contemplan como un gesto de amistad, de buena persona. Quienes dicen "no" a lo que un primo o un amigo les piden y los mandan a la cola, ponen en riesgo su amistad o su parentesco, porque "¿qué se ha creído este?": pasa a ser un desagradecido, un soberbio, o un escrupuloso estúpido.

Urdangarín es la punta del iceberg. Es un mapa, a gran escala, de miles de actuaciones públicas que se repiten a pequeña escala cada día en el ámbito de las Administraciones. No me refiero ya a los políticos: también a los profesores, a los médicos que tienen que certificar, a los miembros de tribunales de oposiciones, a los jefes de negociado municipales.

Lo terrible es que todavía encuentro a gente que, en conversaciones privadas, presume de estar donde está gracias a alguien importante, como si conseguirlo gracias al contacto tuviese más gloria social que ganar una oposición. Este país no se normalizará, no abandonará los inveterados usos franquistas, mientras eso no sea un pecado que haya que ocultar a toda costa. como se tapan las vergüenzas.

Propongo una batalla moral contra el poder de las influencias. El principio de mérito y capacidad es la razón de la decencia, el estandarte de la igualdad de oportunidades, la seña de identidad de una ética civil bien fundamentada. Así me lo enseñaron, y así lo he creído firmemente toda mi vida. Todavía recuerdo con regocijo la lista de "personas recomendadas" que un profesor de la Facultad de Derecho de Granada hizo pública, en el tablón de anuncios, en una ocasión.

Cada vez que un estudiante tenaz o un opositor disciplinado logra una plaza de funcionario es un gran triunfo del Estado de derecho. Cada vez que se prefiere a alguien por las influencias, es un caso de corrupción que debería ser perseguido por lo civil y por lo penal. Para mí es una de las más graves corrupciones, porque con el enchufe se privatiza una decisión pública, se malversa un bien público. Ojalá llegue el día en que quien pide un favor lde ese tipo o haga avergonzado. 

sábado, 10 de diciembre de 2011

Deseo de contrición

- Ave María Purísima
- Sin pecado concebida. Díme, hijo mío.
- Padre, me confieso de haberme fugado con mi novia, de haberme emborrachado y de haberme acostado con ella.
- ¿Cuándo ha sido eso, hijo mío?
- De mañana no pasa, se lo juro. Lo tengo todo previsto y estoy decidido.
- ¿Estás arrepentido?
- Mucho, Padre, sobre todo de la borrachera, luego a la mañana siguiente estaré fatal.
- ¿Tienes propósito de enmienda?
- Sí, Padre, procuraré no hacerlo más veces. Una y ya está.
- Tres padrenuestros y dos avemarías. Y suerte, muchacho.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Sol de diciembre

Como el de esta mañana. Ya acecha el solsticio. Ya no es el sol limpio de otoño, ése de color amarillo anaranjado que hace al verde del árbol más verde y que brilla en los bordes metálicos de una barandilla, tan parecido al sol que se recuerda de las mañanas de la infancia. Ya es un sol de arco corto, lejano, reticente a alejarse de su horizonte, tímido, ocupado de otros hemisferios que están del otro lado. Un sol de espaldas. Un sol débil, mezclado con una bruma que no acaba de disipar, pese a que son las doce. Las sombras del mediodía (las del ciprés y las de los niños) son alargadas. Las chimeneas expelen humo de leña o de gasóleo, las ventanas de las casas miran hacia adentro, donde un perro está tumbado en un rincón soleado por un rato. Nadie se pregunta dónde están las moscas, las mariposas, las abejas. Los gorriones (sencillos, simples, grises, sobrios) recuperan su espacio, ocupan sin complejos el vacío que dejaron las especies más vistosas. Los árboles tienen canas despeinadas. La humedad se agazapa debajo de la hierba y la umbría de la terraza. El sol parece un intruso en los días que avanzan hacia la noche más larga.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Elogio de la rigidez.

Subir impuestos y bajar pensiones es un fracaso, y por eso lloró la ministra italiana al anunciarlo. Pero no es todavía una claudicación. Al fin y al cabo son cifras: más o menos agua en el cántaro. La claudicación llega cuando se cambia el cántaro cuya forma habíamos decidido entre todos. Llega cuando se decide cambiar el modelo pese a estar convencidos de que era mejor el modelo viejo que el nuevo a que nos obligan. Llega cuando los derechos dejan de ser rígidos para hacerse de mantequilla.

Se cambiará el modelo cuando lo que creíamos que era el suelo se desmonta, privándonos de la seguridad de que de ahí no bajábamos. En toda política económica es importante el crecimiento (la altura), pero también, desde luego, lo es el suelo: la seguridad. Lo que está por venir en España y en Europa me temo que afecte al suelo. Con la justificación del enorme porcentaje de paro, la tentación será "flexibilizar" sin límite para propiciar la inversión y la colocación. Pero qué miedo: un mercado de trabajo libre (es decir, hiper-flexible) en tiempos de crisis es justo lo contrario de aquello que constituyó nuestro pacto social (sin duda, socialdemócrata): quien no tiene la seguridad de la propiedad y del capital, ha de tener la seguridad de unas condiciones dignas de trabajo protegidas por la ley. Ya sé que lo peor es no trabajar, pero ¿no merece la pena apostar por garantizar al parado de hoy una prestación mínima y mantener un alto nivel de protección en el empleo para el trabajador de mañana? El paro es reversible, los sueldos pueden bajar y luego subir, los impuestos pueden subir y luego bajar, pero la destrucción de derechos conquistados durante décadas/siglos no es reversible a medio plazo.

Un ejército de parados estaría hoy dispuesto a trabajar sin vacaciones remuneradas, por debajo del salario mínimo, por encima de la jornada laboral máxima: estaría dispuesto a un trabajo en precario, sometido a la voluntad diaria del patrón y de la coyuntura. No puede ser esa la fórmula. Habrá que revisar y adelgazar algunas normas y favorecer algún tipo de flexibilidad, pero dejando claros los límites. El día que los ciudadanos contemplemos las leyes (¡rígidas!) de protección del contrato de trabajo, de los derechos al salario mínimo, a las vacaciones remuneradas, a la indemnización por despido, a la concertación colectiva, etc., como un estorbo burocrático para la "prosperidad" entonces habremos hecho de la protección del trabajo la variable de ajuste, para salvar el imperativo categórico del beneficio. Y eso es lo contrario del pacto social. Entenderé, entonces, huelgas y conflictos. Estaremos dejando de ser como somos, y eso sí es una claudicación.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Alma

Aunque ella no me lo pidió, yo hice bien mi trabajo: embadurné la causa con argumentos y objeciones procesales y el Juez acordó el archivo por temor a verse envuelto en una maraña de posibles nulidades. A los pocos días llegó con gesto severo a mi despacho. “Quiero que me enjuicien”, dijo. Primero pensé que lo que pretendía era demostrar su inocencia en vez de escapar con subterfugios; pero ella siguió: “¿Sabe en lo que me ha convertido? En un delito. Soy un delito, nada más. Estoy podrida por su culpa, usted me ha robado mi derecho a ser castigada por lo que hice”. No supe reaccionar. Comprendí, demasiado tarde, que esa mujer necesitaba una condena como la única ofrenda que podría reparar tanta culpa. Sus últimas palabras resuenan todavía en mi despacho con más fuerza que el disparo en la boca: “Mire esa mierda”, dijo, señalando el cenicero: “es la fotografía de mi alma”. Su nombre era Alma, y aún cargo con sus cenizas.