Es peligroso asomarse

viernes, 31 de diciembre de 2010

Cóctel de calendarios

Pasa el tiempo. Mientras tanto, estamos aquí, con nuestros contemporáneos. Nochevieja y año nuevo separados por doce campanadas y un brindis sincero con cava y familia. El universo está organizado con infinitos calendarios entremezclados, que siempre nos permiten tener la sensación de que lo acaba empieza: cada noche parece que se ha terminado todo, pero el alba destruye la noche. La luna desaparece cada veintiocho días, pero luego vuelve a aparecer un filamento que se convierte en un círculo completo y perfecto. Hasta junio, los días irán ganando minutos, pero desde San Juan la noche, acorralada por las hogueras, tomará impulso y empezará a recuperar terreno hasta la próxima navidad. La rotación, la traslación, las órbitas incesantes de unos astros respecto de otros más poderosos nos dan continuamente nuevas posibilidades de volver a empezar. La entropía desmiente que todo siga intacto, pero mientras termina su trabajo, estamos aquí. Lo mejor que podemos hacer es querernos y lo peor, olvidarnos. Brindemos con el tiempo del sol, con el de la luna, con el de la galaxia, con el del cosmos, con nuestro pequeño tiempo que de momento compartimos todos los que brindamos.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Hagamos que no existan

La culpa  de que haya caído CNN+ no es nuestra. No nos equivoquemos. Si otros programas son más vistos y sirven mejor como soporte de publicidad, si los programas serios son menos rentables, eso no es suficiente para que se supriman. No siempre elegimos individualmente lo que nos reporta más dinero, a veces decidimos  por otras motivaciones. La culpa de que haya caído CNN+ la tiene quien ha decidido que sólo quiere ganar dinero por el camino más rápido. 

Pero, puesto que así están las cosas, propongo hacer objeción de conciencia. Vale ya de estar mirando programas trampa sin dejar de criticarlos. Dejémoslos ahí empozoñándose, cotilleando, gritándose entre ellos, hasta que sus voces se queden sin eco. No quiero volver a oír que no sé quién es zafia, y que no sé quiénes en vez de debatir hacen teatro del malo. Eso ya lo saben ellos, pero ahí siguen alcanzando objetivos: millones de españoles criticándolos sin cambiar apenas de canal. Propongo una íntima pero radical rebeldía: no verlos, no oírlos, no hablar de ellos, no gastar una palabra en denostarlos.  Resistamos. Construyamos livianas redes exentas de su presencia. Abramos espacios en los que no existan. Salvemos un resto de la "casa ocupada" de Cortázar. No conseguiremos cambiar la televisión, claro que no, pero sí está a nuestro alcance salvarnos a nosotros mismos: eso también es revolución ecológica. Dejemos de seguirles el juego, dejemos ya de hacerles propaganda llamándolos idiotas. Es muy fácil. Basta con cambiar algunos hábitos. Basta con apreciar más nuestro tiempo, apreciar más nuestra dignidad, buscar otra manera de relacionarnos con las pantallas encendidas y con las pantallas apagadas. Hoy hay medios para ver películas sin publicidad, para seguir la actualidad y para divertirse con programas elegidos. Podemos reprogramar el televisor y mandar al gallinero del dial a las cadenas que no merecen entrar en nuestra casa. Yo ya lo he hecho. Si supiera, lanzaría spams proponiéndolo a través de las cadenas de correos electrónicos.  No vale lamentarse y seguir transitando cada noche por los barrios más feos de la ciudad. No dejemos que afeen nuesttro cuarto de estar. Si seguimos frente a ellos es porque queremos. Y si queremos, entonces sí somos culpables de que haya caído CNN+.

Pásalo.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Pasa un avión.

Pasar de una cosa a otra. De la vida real a la virtual, del trabajo a la familia, del sueño a la vigilia, del otoño al invierno, de la preocupación por las cifras del paro a la alegría por el gol de Xavi, del recuerdo de navidades remotas a la agenda con los compromisos de la próxima semana, de la reflexión sobre la escasez moral de la sociedad moderna a la página web de el tiempo.es. Me pregunto si soy yo, o si somos todos. Si es la condición postmoderna, incapaz de comprometerse con nada duradero, abrumados como estamos con tanta solicitud, tanta información, tanta oferta, tanto peligro y tanta oportunidad. Fui educado en la escasez de recursos, en el paladar de las cosas, en el esfuerzo por calar hondo, en la vida como una cuidada y esculpida obra de arte, pero me siento un poco perdido en este océano sin barcos nítidos, sin costas en el horizonte, sin perfiles, con estrellas nuevas y difusas. Pasar, como pasan los días y pasan los años, con la fictica sensación de que algo se repite, con la vana esperanza de que luego, de que mañana, de que pronto. Necesito anclas, y no sólo deriva. Necesito raíces que resistan al viento, aunque me guste mecerme y despeinarme con las ráfagas que me regala la vida. Recuerdo cuando había brújulas, propósitos, balances: aún llevo dentro todo eso.

Es de noche, el año se está terminando. Me asomo a la ventana. Es peligroso asomarse. Pasa un avión.

martes, 28 de diciembre de 2010

El visitante de blogs

Anónimo descubrió la íntima impunidad del anonimato.

Siempre tuvo tantas cosas que decir, pero tanto miedo a suscribir o a firmar. La palabra dicha compromete, la palabra escrita ahí queda, y el compromiso de la palabra firmada es para los que no tienen pudor, para los que se conforman con no ser perfectos. Por eso prefirió siempre escuchar, leer, y acaso rumiar en soledad. Como mucho, escribir en las puertas de los servicios, en medio de tanta procacidad, frases distintas para llamar la atención.

Ahora están los blogs. Anónimo no tiene blog, pero va de caza cada noche, de blog en blog, buscando heridas en las que hurgar, ingenuidades que despreciar, torpezas que señalar, ideas que rebatir. Todos los nombres se equivocan, todos se afanan en vano, todos tejen una maraña por la que él transita de prestado para pasar el rato y ensayar su superioridad. Anónimo no entiende que tanto aficionado sea capaz de lanzar al mundo un puñado de naderías que ocupan en vano el ciberespacio. Ese que llena sus noches de insomnio

Lo único que molesta a Anónimo es que haya otros que también se llamen anónimos. Demasiados mentecatos usurpan su nombre por un tiempo, hasta que toman confianza y pasan a llamarse Elena, Francis o Hedlsborg: nuevos insectos para la tela de araña que le da alimento. Él es distinto: él merece la íntima impunidad del visitante anónimo que llega, eyacula y se va.

Pobres blogueros, expuestos a su mirada crítica, a su ataque desde la madriguera. Creen que están escribiendo, pensando, compartiendo, proponiendo; creen que están fraguando poco a poco la gloria del escritor que están llamados a ser, cuando lo único que hacen es agitarse en su pequeño mundo. Él, Anónimo,  tiene la gloria asegurada, porque sólo aspira a quedar protegido del fracaso. Por eso ha renunciado al nombre y sólo baila bajo el disfraz.

lunes, 27 de diciembre de 2010

El regalo

A última hora bajó al parque, escogió una piedra pulida, casi brillante. La lavó, la secó, la pintó con un pincel, la depositó en el fondo acolchado de la caja que algún día fue de un reloj y la envolvió con papel de regalo de la última navidad. "No es por la crisis -le explicó, en una nota-; es que en esta piedra hay más de un millón de años que quiero que sean siempre para ti". Después de mucho buscar en escaparates y plantas de grandes almacenes, encontró por fin el regalo perfecto. Todos los demás tenían algún defecto.

domingo, 19 de diciembre de 2010

"Navidad", o la verdad de un viejo cuento


La tarde la dediqué a instalar con los niños el Belén en casa. Toda una heroicidad. Para los tan torpes, montar un Belén es desplegar un escenario de  pequeñas tragedias. Es una catástrofe de papeles mal cortados, de trozos de fixo arrugados y enredados en los dedos antes de ser aplicados sobre el panel de estrellas o sobre los bordes del papel que cubre el suelo, de rodillas machacando la pata de un cerdito o la esquina de un puente de palo, de un río cutre de papel de aluminio cuya única función es darle sentido al puente que acaba de romperse, de una cohorte de pastores cojos y mancos, y de una instalación eléctrica con más cables por medio que lucecitas titilando. Pero al final los niños se encontraron delante de un pueblo de casitas blancas medio alpujarreñas y medio palestinas, animalitos domésticos (los tigres y los dinosaurios no están permitidos), un castillo lejano y absurdo custodiado por soldados con cara arrugada, unas montañas con corteza de tronco, unos reyes montados a camello que atraviesan una zona con palmeras y sin verde-musgo (sintético, lo siento), labradores con guadaña, vendedores de fruta u hortalizas, forzudos con ovejas en sus hombros, mujeres de túnica vistosa con cántaros en las caderas, alguna abuela arrodillada con un canasto lleno de huevos, y en la esquina un establo con los personajes importantes, que son los únicos que no se pueden tocar sin permiso.


Es posible que la Navidad no tenga mucho que ver con la cronología histórica de Jesús de Nazareth. A los evangelios de Marcos y de Juan parece no importarles cómo nació y dónde nació Jesús, y prefieren comenzar con el bautismo en el Jordán. Es posible que la navidad sea un cuento que nos hemos ido contando de padres a hijos, pero me gusta la verdad de ese cuento. Si la verdad es que  Dios decidió insertarse en la historia de la humanidad en forma de criatura para no quedar olvidado en el Cielo, entonces tiene sentido ese saludo milenario: "feliz navidad". Así, sin más.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

El derecho a distinguir

Se expande imparable la cómoda respuesta: "todos son unos sinvergüenzas". Gente como Pérez-Reverte, amante de la brocha gorda y la palabra gruesa, ésa que suscita el aplauso fácil del pueblo, son aclamados cuando gritan por escrito ese discurso que descalifica a la política y a los políticos, para así quedar como "estupendos", puros y valientes.

Me inquieta, sin embargo, que los ciudadanos despreciemos sin matices la política y a los políticos. ¿De verdad son tan torpes y tan deshonestos, y nosotros, los ciudadanos, los periodistas, los empresarios, los funcionarios, los autónomos, los telespectadores, los deudores y los acreedores somos tan honestos y tan lúcidos? ¿No estamos haciendo el juego a los malos políticos, los profesionales de la corrupción y del ensimismamiento, cuando los agrupamos a todos en el saco de la inmundicia? ¿No sería más justo enseñar y aprender a "distinguir"? ¿No deberíamos abandonar ya el "todos son iguales" y empezar a aplaudir a los buenos políticos que hay en cada partido y abuchear con criterio selectivo a los que ensucian y denigran la política?

Necesitamos política y políticos. Más que nunca. La sociedad sin política se queda sin defensas frente al populismo. Ayudemos a quienes quieren hacerlo bien. Castiguemos a quienes lo hacen mal, aunque sean del partido al que generalmente votamos.

Para conseguirlo es urgente reclamar listas abiertas y desbloqueadas. Así la virtud y el vicio no pasarán desapercibidos ni quedarán confundidos, mezclados en el vagón de cada partido. Pasemos del discurso populista anti-políticos a exigir nuestro derecho a distinguir. Tiremos la brocha gorda y enarbolemos el pincel fino. Ojalá pronto los políticos asuman la cultura de la responsabilidad personal por encima del éxito o fracaso electoral de su partido.

domingo, 12 de diciembre de 2010

La prodigiosa eternidad de la distancia

 Dicen los científicos que faltan millones de años para que la órbita de la Tierra entre en crisis y sea engullida por el Sol. Dicen también que al que al Sol le queda media vida, y la calculan en unos cinco mil millones de años. Es un alivio que algo viva tanto tiempo, pero es inquietante que ni siquiera el Sol sea eterno. 

Aunque también sabemos que hay estrellas muertas que siguen luciendo en el cielo de las noches de agosto: un pequeño punto de luz como un resto del pasado,  el eco de un astro muerto que sigue vivo gracias a la lejanía.  La muerte recorre los años-luz sin acabar de llegar nunca a la noche más remota, porque el espacio es circular y por tanto no acaba nunca. Nada es eterno, nada más que esos pequeños instantes que condensan un universo hecho de distancias. Sólo muere lo cercano, pero ahí está la distancia, para dejar a lo lejos un resto de luz de lo que alguna vez fuimos y siempre seremos.

viernes, 10 de diciembre de 2010

La pequeña eternidad de Jujube

El primer cuento que le regalé a mi hijo se llamaba "Jujube". Lo compré en una librería de St. Germain dès Près una tarde fría y soleada de invierno. Él tenía cuatro meses. Era un pequeño cuento de colores vistosos en el que la niña Sérafine encontraba en la selva a un bebé abandonado que lloraba porque iba a tragárselo una serpiente. Pero la valerosa Sérafine hizo acopio de todas sus fuerzas y con un palo le asestó un golpe a la cabeza de la serpiente y salvó al bebé. Muchas noches se lo leí: en francés, en español, gesticulando, añadiendo drama o emoción. El cuento está en su estantería, en la que ya predominan Harry Potter, Jerónimo Stilton y algún Tintín. Su dedicatoria sigue escrita para siempre:  "Este es el primer regalo que te hizo tu padre". Entonces ya imaginaba que esa dedicatoria me sobreviviría. O mejor, que él leería algún día esa dedicatoria después de que su padre hubiera muerto. Para eso se escribió. Los padres dan cosas a los hijos con la convicción de que les están enviando soplidos que durarán siempre, eternamente, porque la eternidad cuando uno está vivo comienza en su primer recuerdo de infancia y termina, más o menos, en el remoto e imaginario día en que morirán sus hijos. Sólo somos eslabones de una cadena.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Entre las sacristías y la plaza de Colón

Ramón Jáuregui es socialdemócrata con fundamento, y es cristiano. Además, es un político en activo, de los que a mi juicio dignifican la función que ejercen. Cuenta "El País" que se ha reunido con el cardenal Rouco (que es cristiano, y quizás también político, aunque no socialdemócrata) y le ha pedido algo que parece razonable: que la voz de la Iglesia no pronuncie sólo palabras de condena sobre asuntos de moral privada que entran en conflicto con la legislación democrática, y que saque de las "sacristías" otros valores que sí hacen falta en la escena pública: que hable de exclusión, de inmigración, y supongo que de compasión.. 

Porque se echa de menos la aportación de un cristianismo más profético, más de denuncia social, presente en los momentos y espacios de sufrimiento, allí donde las leyes se quedan cortas, porque hace falta el compromiso de quienes quieren ir más allá del mero respeto a los demás. Eso es lo que la iglesia y las iglesias tienen que sacar fuera de las sacristías y proponerlo sin púlpitos, bajando a la arena pública. Lo otro, las regañinas a los que quieren organizar su vida sin hacer la señal de la cruz, es lo que más bien debe quedar reservado a la vida interna de las religiones. 

Menos manifestaciones nacional-confesionales en Colón y más movilización de los valores cristianos de solidaridad, compasión, justicia, liberación, perdón y universalidad. Suscribo ese ruego. Hay demasiados cristianos que se averguenzan de una iglesia regañona, ensimismada e inútil. La iglesia no debe acomplejarse frente al discurso ético civil y laico: debería más bien fortalecerlo con todo el peso de su tradición. Si la levadura no se mezcla con la masa no hay fermentación, hay sólo una pureza tan inmaculada como estéril.

martes, 7 de diciembre de 2010

Ciudadanos en serio

La mejor manera de "celebrar" la Constitución sería "reivindicarla".  Lo siento, pero no me uno al coro de voces que la condenan al "no sirve para nada", o al "es papel mojado". Es cierto que hay cierto papanatismo constitucional retórico e inútil, pero la mejor respuesta al papanatismo es tomarse la Constitución en serio. El mejor patriotismo es sentirse ciudadano, y por eso lo que a mí me interesa de España  no es su pasado glorioso o su unidad de destino, sino el hecho de que está constituída en comunidad política con reglas, derechos y límites al poder. La identidad de España no es la imagen sentimental que cada cual tengamos de ella, sino su conjunto de reglas constitucionales. 

La función de la Constitución no es hacernos felices, ni buenas personas. Tampoco es su función que todo funcione sin fallos. Su función es constituirnos en ciudadanos con derechos y con garantías. Por cada español que se tome en serio su condición de "ciudadano" de pleno derecho, más allá de su condición de consumidor y de mero votante, la Constitución se incardinará más en la realidad. Ese es su sentido, y eso es lo que me gusta celebrar cada seis de diciembre.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Alarma

La mañana es apacible. Nubes difusas y escasas tamizan la luz del sol tibio. Apenas quedan algunas hojas en los árboles llovidos. En el aire no hay insectos, no se oye ruido de aviones en el cielo. Se oyen voces lejanas de niños, y algún ladrido juguetón, diurno. Las chimeneas expelen ya humo negro de calor hogareño. 

Hay una España confinada en aeropuertos, atrapada entre maletas perdidas, desesperanzada ante los paneles que informan de sus vuelos, interrumpida al inicio de un esperado viaje, negada en su derecho a ser feliz un rato. Hay reencuentros frustrados, gestiones perdidas, espectáculos que no se verán, conversaciones que se perderán para siempre.

Las radios alarman con estados de alarma.

jueves, 2 de diciembre de 2010

...Con entusiasmo

Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid y promovida sin éxito por algunos poderosos periodistas hace casi tres años para ser candidata a la presidencia del Gobierno de España,  ha dicho que apoya "con entusiasmo" el nuevo modelo de gestión de los aeropuertos españoles que se propone aprobar mañana el Gobierno: es decir, su privatización.

Con entusiasmo. Dos palabras que retratan a más de uno. De un golpe destroza el discurso de oposición de su propio partido (enredado en un "sí, no sé, pero váyase usted y déjeme a mí") y por otro lado marca la distancia con un Gobierno que toma con resignación medidas en las que no cree, o mejor dicho, le gustaría no tener que creer.

¿A quién preferir? ¿A quien firma estas medidas sintiéndose derrotado, o a quien se sube con entusiasmo al caballo vencedor que las ha impuesto? (Dejo fuera de la candidatura a quien critica con mezquindad y oportunismo electoral lo que en el fondo aprueba).

Yo estoy dispuesto a preferir al primero, con una condición: que fuera capaz de explicarme no sólo el conjunto de medidas necesarias para cumplir lo que le han exigido a cambio de evitar el desastre, sino también el conjunto de estrategias para recuperar, después, el terreno social que se ha tenido que abandonar entre lamentos, y el modo de recabar la energía suficiente para conseguirlo. Sólo así, además de ser un Miguel de Esponera cualquiera ("alguien dicta en la sombra y él sólo mueve los labios"),  conseguiría ser visto como uno de los nuestros que está ahí en nuestro nombre.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Privatizando...

Buena parte del autodenominado "milagro económico" del gobierno de Aznar consistió en la política de privatización de las empresas públicas más rentables, que suministró a las arcas un aluvión de liquidez (sin perjuico de colocar a amigos al frente de la empresa privada resultante) y nos permitió cumplir las exigencias del euro. No hubo milagro, sino venta.

Hoy Zapatero anuncia en el Congreso  la privatización de la gestión de los aeropuertos más importantes y del 30% de la Lotería Nacional. También con esto conseguirá alguna liquidez que le permita conseguir el objetivo de reducir el déficit. Por lo pronto, la Bolsa sube, y Mariano Rajoy sólo contesta que elecciones anticipadas raca-raca.

Entonces y ahora está sin ni siquiera formularse en serio la pregunta importante: ¿qué se puede y se debe privatizar, y qué no? ¿Hasta dónde puede llegarse? ¿Privatizaremos, para reducir el déficit y sanear las cuentas, la gestión de la Sanidad Pública, dejándola en manos de Aseguradoras? ¿La administración de justicia, convirtiéndola en un arbitraje?  ¿Por qué no la "gestión" de la policía, o del mismo ejército?

No me siento defensor dogmático de lo público ni inquisidor de lo privado. Seguramente hay bordes por los que deba seguir adelgazando el Estado y la Administración. Pero no me quedo tranquilo si se trata de decisiones que van tomándose en función de las necesidades coyunturales y de las exigencias de los mercados. Es imprescindible que se haga una reflexión política sobre dónde, exactamente, están los límites. Sin límites bien protegidos, el suelo se convierte en arenas movedizas. Quiero saber qué defiende cada partido político sobre lo que en toda coyuntura debe seguir siendo público. Es importante, para que la política no quede expulsada de la gestión de lo público.